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Adicción del Sexo Virtual #14 Principio: No vivir en el pasado

A pesar de que el daño espiritual que causamos al cometer actos de lujuria -para satisfacer nuestro deseo sexual incontrolable- es muy grande, debemos aceptar que HaShem nos puso en esta situación y que la culpa no es toda nuestra. No nos mortifiquemos pensando en cómo sucedió o pensando en las caídas del pasado.

Ello hará que nos deprimamos y nos llevará a tener caídas en el futuro. El Jidushé HaRim (en Likuté Yehudá) les dice a sus alumnos que nunca miren para atrás, ya que él sostiene que si miramos para atrás, nos quedamos empantanados. Todos tenemos ropas sucias. No tenemos que avergonzarnos de nuestra ropa sucia, a menos que dejemos que se acumule y nunca la lavemos.

También tenemos que saber que en el pasado no siempre tuvimos libre albedrío. Esto lo podemos ver claramente en varios Libros y en varios lugares en Jazal. Vamos a citar a uno de los más destacados baalé musar de nuestra época, el Rav Shelomo Wolbe, zt’l:
Los más grandes filósofos [judíos] establecieron la bejirá (el libre albedrío) como la base para toda la Torá… Pero de allí surgió una falsa suposición entre las masas: que todas las personas eligen activamente cada uno de sus actos y de sus decisiones. Este es un grave error (Alé Shur, Vol. 1, pág. 156).

¿Entonces qué es la bejirá (el libre albedrío)?

Para responder esta pregunta, el Rav Wolbe nos remite al “Ensayo fenomenal sobre bejirá” del Rav Eliyahu Dessler (Mijtav MeEliyahu, Vol. 1, pág. 111-116). En este ensayo, el Rav Dessler describe cómo el “punto de libre elección – nekudat habejirá” difiere según las personas y las situaciones. Él explica que la bejirá no es un concepto teórico que puede aplicarse a cualquier circunstancia en la cual una persona puede elegir hipotéticamente entre dos opciones.

Por el contrario, la bejirá sólo se aplica en conflictos morales cuando las dos fuerzas de oposición son de aproximadamente la misma resistencia, la persona es consciente del conflicto interno, y toma una decisión consciente en una sola dirección. Cuando una persona realiza algo sobre lo cual no ha experimentado un conflicto consciente, o si la fuerza imperiosa de un lado es significativamente más fuerte que la otra, el hecho de que la persona se encuentra teóricamente apta para decidir en las dos direcciones no califica a su acto como una expresión de bejirá.

“En HaKadosh Baruj Hu ba beterunia im haberiot – HaShem no viene con reclamos a Sus creaciones”. Y el versículo dice: “Él creó todos sus corazones y comprende todos sus actos”, y Él sabe que casi todos los hombres caen en este pecado en algún momento de su juventud.

Hay un refrán muy popular que dice que si HaShem nos pone a prueba, es porque nosotros tenemos la capacidad de superarla. Sin embargo, el Rav Tzadok HaKohen (en Tzidkat HaTzadik) escribe que esto no es tan simple como suena. Es verdad que todos tenemos libre albedrío en cuanto a hacer lo que HaShem espera de nosotros en este mundo, a lo largo de nuestras vidas. Sin embargo, en el proceso de nuestro viaje, hay muchas veces en que la persona es considerada un anús (persona que ha sucumbido a una fuerza mayor).

Luego del pecado del Becerro de Oro, el Midrash cuenta que Moshé le dijo a HaShem: “Si un padre le da a su hijo oro y lo sienta en la puerta de un prostíbulo – “Ma yaasé habén velo yejetá? – ¿Qué puede hacer el hijo para no pecar?” En otras palabras, encontramos en Jazal que hay momentos en que el hombre no tiene una posibilidad de bejirá completa.

Ver también el Rambam, Hiljot Isuré Biá 1:8 -“…porque el Yétzer Hará y la naturaleza humana lo forzaron a querer”, y ver Tosafot en Sanhedrín 26b, donde se discute cómo alguien que es sospechoso de relaciones ilícitas puede seguir siendo un testigo casher (apto), ya que pudo haber sido que simplemente sus deseos se apoderaron de él. Y ver la Guemará en Berajot 31b-32a: “Asher Hari’otí” donde HaKadosh Baruj Hu le hace saber a Eliyahu HaNaví que Él fue quien apartó el corazón de los judíos de Él.
También el Steipler escribe respecto de un comportamiento específico que la persona no puede controlar: “No es una persona con libre albedrío para elegir en este sentido, y lo único que puede (y que debe) hacer son tikunim (enmiendas) que lo ayudarán a lo largo del tiempo”.

Una vez que entendemos que no siempre tuvimos libre albedrío en el pasado, entonces evitaremos que la culpa nos arrastre a un círculo vicioso de desesperanza y de continuas caídas. Y la culpa puede ser aún más peligrosa que las caídas mismas. Como se suele decir: “No es la galleta que te comiste que rompió la dieta. ¡La dieta terminó cuando te sentiste mal por esa galleta que comiste, y luego continuaste hasta terminar la caja!”.

Y aunque hayamos tenido libre albedrío en el momento de nuestra caída, es muy probable que haya sido en una cantidad mínima. Los pecados que cometemos son juzgados según las circunstancias y el nivel de libre albedrío que teníamos en ese momento. Sólo HaShem sabe si teníamos la posibilidad de haberlo hecho mejor o no.
Pero cuando hablamos del momento presente, nunca podemos saber cuánto libre albedrío tendremos y siempre tenemos que esforzarnos lo máximo posible.

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